martes, 4 de octubre de 2011

Eso no se hace.

Qué asco. Una sensación de retorno inunda mi cabeza. Has vuelto cuando ya te había superado. Esas cosas no se hacen. No puedes hacer esto después de meses de inesistencia en mi vida y yo en la tuya. Eso no se hace. No me tientes de esta manera.

martes, 30 de agosto de 2011

Me espera un mundo entero.

Cuando el verano llega a su fin, piensas que no lo has aprobechado como realmente se merece: que no has ido casi a la piscina, que no te has puesto ese vestido corto que tienes ni una sola vez, que no has visto a esa amiga que hace meses que no ves, que no has estudiado suficiente, que no tienes claro el empiece del curso, que no has ido a las rebajas, que no has aprobechado la ropa de verano porque siempre te pones lo mismo... esas tonterías, que pueden serlo, pero que en pleno febrero mueres por hacer. A las puertas de septiembre y de empezar un nuevo curso, posiblemente, y realmente lo espero, el peor, quiero pensar en positivo, y en que vuelven las bufandas, las botas altas, los pantalones largos, los fulares, los guantes y los abrigos, no quiero ni pensar en ir corriendo con la mochila por las mañanas, en salir tarde de clase, en mojarme cuando llueve, ni en semanas de examenes, ni con quién pasaré los recreos ahora que ellas son universitarias y ellos... ellos no estarán. Un nuevo curso, no se cual, me espera.
"Me espera un mundo entero, titiritero, no le hagas esperar".

"Todo un mar para perderte".

Pensaba desde hacía ya varios meses que aquel tema no iba a ninguna parte, que había otros en los que poner los ojos, pero no conseguía hacerlo desaparecer. Dicen que las canciones expresan mejor las cosas que sentimos, y como ya cantaban unos sabios de la música: "todo un mar para perderte, demasiado desafío, yo no puedo ser tan fuerte".

miércoles, 24 de agosto de 2011

Él la frenaba.

Por su forma de ser, a veces tan diferente a la suya, la hacía pensar. Él ataba su ira, su negatividad y su arranques de furia y nerviosismo con su positividad y tranquilidad. Aquello a ella le encantaba, no dejaba que su lengua fuera por delante de su pensamiendo, él la frenaba. Todas sus malas palabras, él las traducía a sonrisas y carcajadas.

martes, 23 de agosto de 2011

El reflejo de una farola.

En mitad de la madrugada de aquel día agotador, abrió los ojos y seguía allí: sentado en sus pies en mitad de la multitud ya dormida o a punto de hacerlo. Sus ojos se veían claramente gracias al reflejo de alguna farola. Sentado tal cual ella lo dejó cuando calló en el sueño. Sin hablar, apenas contestaba a alguna pregunta cuando ella se despertaba, y en la penumbra, ella se llenaba de tranquilidad cuando sus ojos llenos de cansancio la miraban.

lunes, 15 de agosto de 2011

Destino, te llamabas así, ¿no?

¿Hola? Destino, te llamabas así, ¿no? ¡Qué alegría verte! Hacía tiempo que no pasabas por aquí, ¿no? ¿Te has mudado o algo? ¡Ah! ¿si? ¿de verdad? pues no te he visto en mucho tiempo. Y, ¿qué tal todo? Ya he visto que tienes enchufe por todas partes, eh... hasta que tu no llegas, ¡nada! Bueno, pues nada, espero verte en otro momento más despacio, ¿vale? Haber si nos vemos más, que siempre es una alegría, haces que todo encaje en una milésima de segundo, y pierda el control del momento.

martes, 5 de julio de 2011

No era como los demás.

Las miradas oscuras en las que se perdía y encontarba la claridad, aquellos días fueron sustituidas son sonrisas llenas de luz. No era como los demás, se atrevía incluso a decir que era mejor. El miedo de perder lo que tenía apostado a kilómetros de allí, y que tanto le había costado reunir, la hacía verse agotada y sin fuerzas para dar seguridad, pero cuando él sonreía borraba de un soplido ese sentimiento de pesadéz que no la dejaba moverse con naturalidad. Su sonrisa lo arreglaba todo, su comprensión, sus ojillos entornados a causa del cansancio, su mirada de alegría y sus caricias de ánimo y compañía. Nada era igual si él estaba cerca, si su calor estaba ahí. Pero cuando estaba sola ante aquella pequeña grandeza, de sus ojos salían torrentes de lágrimas que empapaban su cara y su blusa, acordándose de sus bienes apostados en la distancia. No podía perder no que tenía tan lejos, ni ganar lo que tenía tan cerca. La carencia de la compañía en la distancia era fundamental para que se olvidara de aquellos buenos momentos llenos de sol en un porche de columnas, pero todo era muy complicado, y decidió dar paso real a la Providencia: aprochebó lo que Dios se había puesto en su camino durante aquellos días, luego, ya se vería. Aquellas sonrisas, iluminaron hasta las noches más oscuras llenas de terror y de pánico, y sintió un refugio en sus brazos hasta que pasara la tormenta.